martes, 11 de septiembre de 2012



Estimada compañera:
Te escribo esta carta para contarte acerca de mi participación como ciudadana.
Para comenzar se me ocurre hablar sobre la participación en el sistema educativo a lo largo de mi vida.
Recuerdo que en una ocasión en el año 1976 yo estaba en quinto grado, la maestra nos pidió que escribiéramos los nombres de los reyes magos. Un compañero no escribió Melchor, Gaspar y Baltasar como era esperado. Al día siguiente nuestro compañero no asistió más a  la escuela. Todos nos preguntamos: ¿Por qué? La respuesta fue que “porque era de otra religión.”
Pues bien, te cuento que yo asistí a la Escuela Nacional Belgrano de la Provincia de San Miguel de Tucumán, y que al plantear el interrogante acerca de la ausencia de nuestro compañero, se vivió en esos días un clima de silencio y miedo.  Por lo que la respuesta fue “es testigo de Jehová” como si esa respuesta lo dijera todo. Nadie volvió a preguntar ni a hablar del tema en la escuela.
Otra situación que viví durante mi educación primaria, pero esta vez fuera de la escuela, aunque la relaciono ya que el hecho que te voy a describir ocurrió unos minutos antes de salir para la escuela.  Alrededor de las 13 horas en mi casa, cuando estaba a punto de partir hacia la escuela,  me dijeron que no saliera, que no podía, que tenía que esperar. Alguien de mi casa corrió a cerrar la persiana y entre los integrantes de mi casa se vivió un clima de miedo, de apuros, algo que yo no entendía. Pregunté ¿Por qué?  “Hay orden de cerrar todas las puertas y ventanas, no hay que acercarse a la salida” El suceso duró unos minutos, no recuerdo bien cuántos. Cuando pudimos abrir  las puertas para salir, otra vez pregunté ¿Qué pasó? Y la respuesta fue “Se llevaron a los vecinos de enfrente” ¿Quién se los llevó? “Los militares”  ¿Por qué? “Porque son subversivos y no preguntes más”.
Te cuento que la familia de enfrente, estaba compuesta por  una pareja adulta mayor, su hijo con la esposa  que en ese momento estaba embarazada. No sé qué tiempo de gestación, pero ya tenía la “panza” grande.  Nunca más supe de ellos y en mi casa ni en el barrio se habló más del tema.
Como podrás observar, estimada compañera, mi manera de participar fue el silencio ya que cada vez que preguntaba, recibía por respuesta: “no preguntes más”.
Durante mi educación secundaria, esto sucedió entre los años 1986 y 1988 en el CENS Nº 8 en Capital Federal, ya en una etapa de nuestro país en la que habíamos recuperado la democracia hacía unos años.  Pues, en la secundaria “descubrí” que tenemos una Constitución. En la escuela no había Centro de estudiantes.
Recuerdo que en las clases de historia, solía cuestionar  la historia producto de mi lectura y análisis; hasta que un día el profesor me dijo en tono firme y serio “Antonia vos sos una subversiva”. Quisiera que comprendieras lo que la palabra “subversión” significaba para mí!
A partir de entonces comprendí una vez más, que la forma correcta de participar era “el silencio”.
Muchos años más tarde, ingresé a la Universidad Nacional de Luján, donde conocí otras formas de participar. Participé y participo de distintas maneras en mi formación, en la sociedad, en mi familia.
Esta vez ya no en silencio.







1 comentario:

  1. Hola Antonia! gracias por dejar huella de esa historia tan dolorosa de expresar y compartir...Tu relato profundo da cuenta de las tristes formas de control de la palabra que tuvieron/tienen nuestras instituciones, de la No búsqueda de la Verdad, aunque ese sea el legado de las educativas...Pero también habla de que éstas condiciones no pudieron determinarte, habla de tus convicciones, de tus búsquedas y de tu capacidad para actuar en otros sentidos diferentes.

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